parroquia de Santa ana

En el año quinto del pontificado de Martín IV (1285), Pontífice Máximo, las autoridades y el pueblo de la ciudad de la estrella atacado por la peste Bubónica y contagiado por un aire pestilencial, después de haber implorado el Auxilio Divino, acordaron construir un altar, trabajado con dorada taracea y decorado en azul y minio, en honor de la bellísima Ana, madre de la madre de Dios, en el que estuviera pictóricamente representada su admirable y devota imagen, cuya fiesta hicieron voto y juramento de guardar a perpetuidad, y al punto, por intervención de la Santa, volvió salud a la ciudad. Y para que no se entibie la devoción de los conquenses, lo que por la carga de los años estaba destruido, e indecoroso por su estado y desaliño, se renueva ahora y se restituye a su antiguo esplendor en el primer año del Pontificado de Adriano IV (1521), cuando aun hallaba en España este pontífice en su Curia Romana.  Mas como la estructura de su altar hubiera vuelto de deslustrarse con el paso del tiempo, don Juan de Ayora, Canónigo de la Iglesia de Cuenca, por razón de su devoción, lo mandó embellecer a sus expensas. Año del Señor de 1652.

La devoción en Cuenca a la imagen de Santa Ana proviene de la intercesión de ésta ante la peste bubónica que asoló la ciudad en 1285.

La fecha de la construcción de la ermita que se construyó extramuros de la ciudad en su honor se desconoce, pero la existencia de la finca agrícola con viviendas, la Casa Blanca vinculada al monasterio de las monjas Concepcionistas de la Puerta Valencia al menos desde el siglo XVII (según documentos censales del propio monasterio) deduce la existencia de la misma  con su presencia en la descripción general de la finca  en varias escrituras y deslindes de las tierras propias.

De la antigua ermita no queda ninguna huella arquitectónica, puesto que quedó destruida en la Guerra de Sucesión. Sí que se ha mantenido el retablo que, hasta principios del siglo XVIII, estuvo colocado en la ermita; posteriormente, se trasladó a la Catedral. La inscripción que aparece en el retablo (transcrita anteriormente) nos muestra el origen de la devoción.

La Casa Blanca, propiedad de Don Juan Jiménez de Aguilar, fue en los años 20 del siglo XX centro cultural e intelectual. Resistió en pie hasta después de la Guerra Civil. El desarrollo urbanístico de la ciudad motivó su derrumbe y la construcción de viviendas.

En el año 1985, el barrio de llamado ya de ‘Casablanca’ necesitaba su parroquia. Se recuperó la advocación de Santa Ana para Cuenca con una nueva Iglesia, cerca de donde estuvo la ermita homónima. Los sacerdotes encargados de potenciar la edificación y dirigirla fueron Don Ricardo Ortega y Don Antonio Carvajo.

Se trata de una iglesia de estilo conceptual de arquitectura moderna, fundamentada en la idea de un templo de planta cuadrada con un deambulatorio perimetral inscrito al templo. Esta forma centrípeta queda rota al focalizar la atención del espectador en uno de los lados, concretamente el frontal según su entrada, por la ubicación el Altar de la misma. Con una iluminación indirecta, conjuga dos volúmenes concéntricos siendo el interior de hormigón visto con cuatro soportes en sus esquinas, y el exterior enfoscado en blanco, donde se sitúan los ventanales que aportan iluminación interior.

Las Sagradas Imágenes Titulares de nuestra Hermandad se ubican actualmente en el Altar del templo, en el lado de la Epístola.