La imagen de Jesús entrando en Jerusalén (vulgo “La Borriquilla”) está, como la mayoría de las que componen nuestra Semana Santa, tallada en madera policromada y podríamos enclavarla junto a otras como el San Juan Bautista o el Cristo Yacente dentro de la categoría de imágenes individuales, la otra gran especialidad de su escultor, Luis Marco Pérez (Fuentelespino de Moya, 1896- Madrid, 1983), junto a sus espectaculares grupos escultóricos.
El paso tallado en 1951 consta, sin embargo, de dos figuras pese, a lo cual no podemos hablar de grupo escultórico en tanto en cuanto la conexión entre ambas es inexistente. No siendo del todo correcta la caracterización, podríamos hablar en este caso de una escultura de tipo ecuestre (del latín "equus"= caballo) con la peculiaridad de que es un asno en lugar de un caballo, sobre lo que aparece el personaje central de la escena que forma con el animal un todo indisoluble, una estructura única.
La figura de Jesús posee un rostro ciertamente expresivo, entre emocionado por las muestras de afecto con que el pueblo lo recibe y temeroso, por lo que parece prever, se le viene encima.